viernes, 15 de octubre de 2010

Cuando era mejor ahogarse que ser socorrido

Nadie quiere ahogarse y si por alguna desgracia llega a pasar, esperamos que un salvavidas llegue a nuestro rescate, y que con las técnicas correctas salve nuestras vidas. Pero siglos atrás, para ser más exactos por el año 1807, si usted no era un experto nadador, debía pensar 2 veces antes de entrar al agua.


En 1807 se publicó uno de los primeros manuales de socorrismo para ahogados en el río o en el mar, si lo leemos hoy en día, encontramos una serie de prácticas y métodos para socorristas, por decir algo son un poco extrañas, lo que nos hace pensar que en esa época era mejor ahogarse, sino me creen déjenme explicarles el por qué.

Paula de Demerson, doctora e historiadora en su documento: “muertes aparentes y socorros administrados a los ahogados y asfixiados en las postrimerías del siglo XVIII” nos explica algunos de los métodos utilizados en la época, por ejemplo: 

En primer lugar en todos los países de Europa, nadie se atrevía a tocar y sacar completamente del agua al ahogado antes de que un comisario de justicia se personase para hacer el atestado. A menudo, éste llegaba tarde para que se pudiese emprender cualquier socorro. Cuando por fin, se depositaba el cuerpo en el centro de socorros, si no se observaban signos evidentes de corrupción y no se desprendía la epidermis bajo los dedos, se trataba de reanimar al ahogado.

Se instalaba al ahogado desnudo en una cama caliente, envuelto en una camisa de franela, se le limpiaba la boca de las sustancias viscosas que la tapizaban con un cepillito suave o una esponja de limpiar dientes, para después practicar el boca a boca o soplarle aire con una cánula de metal. Otro socorrista hacía fricciones con paños mojados en aguardiente alcanforado, se excitaba el interior de la nariz del supuesto muerto con una pluma de ave, o con vapores de álcali o de tabaco sopladas con una cánula. Mientras tanto, se ponía en funcionamiento una pipa y se insuflaba humo de tabaco en los intestinos con una jeringa. Lo sumamente importante era continuar aquellos auxilios sin interrumpir, durante varias horas, sin descorazonarse, hasta cuando ya se percibían unas leves señales de vida. La perseverancia podía salvar al cabo de seis o más horas a personas rescatadas después de una hora o más de inmersión.


Les dejo una imagen del fuelle que utilizaban para la tortura… digo reanimación:

Hecho esto, el manual establecía: “se darán al ahogado gotas de agua de toronjil y se aplicarán a las plantas de los pies ladrillos calientes”


Afortunadamente los tiempos cambian, y hoy en día los métodos de primeros auxilios han cambiando significativamente, y la victima ya no tiene que sufrir este tipo de torturas. Al menos yo prefiero un socorrista como los de la primera foto.

Si desean leer el manual completo, pueden encontrarlo en esta dirección

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